martes, 9 de diciembre de 2014

Memorable

Es inevitable no recordarte, puesto que fuiste una de las personas más esenciales de mi infancia y sobretodo de mi vida. Recuerdo tu aliento en tus susurros con un ligero y fresco olor a café, ese que tomabas cada día y que te llenaba de energía y vitalidad, así como lo eras tú. Tu mirada, deslumbrante y penetrante, que poco a poco se fue apagando, pero no por voluntad propia. Tus grandes orejas, a las que les costaba escuchar y analizar pero que sin duda alguna estaban siempre ahí en el momento justo, listas para oír cual tontería fuera. Tus meriendas, tan deliciosas y entrañables constituidas por un gran vaso de leche con cola cao y grandes galletas que a tu lado sabían de una manera especial y única. Tus manos, ásperas y reconfortantes, que hacían una tarde tranquila llena de cariño. Tus grandes historias, que quizás nunca escuché, pero doy por hecho que las habían, mágicas y brillantes como tú. Tus chaquetas, siempre con un tono marrón o gris en conjunto con tus pantalones también de tonos oscuros, que te perfeccionaban esa manera de ser, tan serio, noble y valioso. Tus frases, que marcan y que permanecen conmigo a día de hoy como todas las demás cosas, sobretodo una en especial -esta niña tiene falta de cariño-, no cabe duda que tenías la razón total en ello. Tus dedicaciones, más bien esas tardes que me dedicabas para jugar al parchís o hacer la tarea, independientemente de tu cansancio. 
Eras y eres el mejor abuelo del mundo. Te quiere, tu nieta.

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